Desde el siglo XIII, la monarquía comienza a tomar protagonismo frente al papado y el sacro imperio romano-germano. La lucha con el papado da comienzo al proceso de fraccionamiento de la unidad cristiana. El monarca querrá nombrar directamente al clero en sus territorios y no dejar que lo haga Roma. El monarca se apropiará de símbolos y atributos que antes eran propios del emperador. A pesar de ésto prevalece una cosmovisión con base religiosa, se cree en un orden divino que coloca a cada cuál en su sitio. Se contempla la posibilidad de ascenso social a través del ejército o el dinero, es decir, comprando títulos. El poder que emana del Rey forma parte de este "orden natural" establecido por Dios y tendría sus límites en la "ley divina". En relación a los señores locales, el monarca se proclama "primero entre iguales", intentará superar la fragmentación de los señores feudales a través del diálogo y las cartas de privilegio, a demás de potenciar la universidades y los grandes centros decisionales (la Corte).
Desde el año 1562 Felipe II establecerá la Corte en Madrid de forma permanente, y constituirá ejércitos permanentes, proceso similar al de otras monarquías europeas. Surge, por tanto la idea de Estado- Nación como esfera de poder unitaria privada con una misma lengua y cultura y con fronteras bien definidas. Sus pilares son una administración centralizada y una multiplicación de los funcionarios reales conservando las estructuras políticas tradicionales. Hasta 1789 se vive en un régimen antiguo que más que estado moderno podríamos denominarlo estados monárquicos. Hay una tendencia a ejercer mayor poder político dentro y fuera de los territorios nacionales.
La monarquía española en estos momentos abarca varios territorios con distintos regímenes jurídicos bajo un gobernante común. Cada reino conserva sus instituciones, sistema fiscal y cultura política. Esta experiencia del monarca español para "negociar" con los nobles españoles le servirá a la hora de conquistar y sobre todo mantener los territorios americanos a través de la colaboración con las élites dirigentes de los territorios y la concesión de títulos nobiliarios.
sábado, 10 de octubre de 2009
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La Corte se fija en Madrid en 1561. Anteriormente Madrid acogía al séquito cortesano como una ciudad más de Castilla, si bien con estancias cada vez más importantes para la Monarquía y para la transformación de esta ciudad.
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