domingo, 27 de diciembre de 2009

FERNANDO VI (CONTINUACIÓN)

POLÍTICA INTERIOR: EL REFORMISMO

En un escenario de neutralidad, el reformismo económico aparece como algo fundamental. Los proyectos reformistas llevados a cabo sirvieron para fortalecer el poder militar y mejorar el respaldo económico. Los objetivos principales de las reformas se centraron en el Ejército y la Marina, así como en el impuso del comercio y de la industria.

Los años del Marqués de la Ensenada supusieron un fuerte incremento de los gastos navales. La modernización de la Marina se tradujo en mejoras en la formación de marinos, destacando figuras como las de Jorge Juan o Antonio de Ulloa (al frente de diversas expediciones en América y que, además, destacaron por su faceta científica). Asimismo se relanzaron las actividades en los astilleros y se adoptó definitivamente el sistema de construcción inglés. En Marina destacan las Ordenanzas generales de la Armada de 1748, que completan las de 1725 y 1737. Se suprimió el Almirantazgo. También se hicieron ordenanzas de montes y de matrículas.
En 1750 hubo también nuevas ordenanzas para el Ejército.

La reforma de la Hacienda intentó ser revolucionaria mediante el establecimiento de la contribución única en Castilla.

En 1749 se firmaría el decreto de esa única contribución basada en las rentas personales y de la tierra. Su puesta en práctica exigía la realización de un catastro, que llevó unos pocos años. Luego, las primeras pruebas no resultaron satisfactorias y finalmente la crisis de 1754, en la que cayó Ensenada, frenaría el proceso una buena temporada. La reforma trataba de ser más igualitaria socialmente, así como conseguir más dinero de las rentas más abundantes, las de la tierra. La oposición a la reforma tenía en cuenta no sólo la enemistad de la aristocracia terrateniente, que veía tocados sus ingresos, sino la evidencia de que al principio se cobraría menos que antes, mientras no se consolidara el sistema.
En 1749 se consiguió que todas las rentas fueran puestas en administración directa por la Hacienda. Se suprimieron así todos los arrendamientos. Inicialmente el ahorro fue grande, pero a la larga, sin embargo, el sistema perjudicó al mundo financiero.


También en el ámbito financiero se produjo la creación en 1751 del Real Giro, mediante el cual la Hacienda gestionaría la salida de dinero de España y el pago de operaciones en el extranjero. El Giro produjo beneficios a la Administración, pero redujo el negocio de los financieros privados.
El comercio con América también se vio impulsado. Se pretendió acabar con el monopolio de las Indias y eliminar las injusticias del comercio colonial. Así se apoyaron a los navíos de registro frente al sistema de flotas. El nuevo sistema consistía en la sustitución de las flotas y galeones para que un barco español, previa autorización, pudiera comerciar libremente con América. Esto incrementó los ingresos y disminuyó el fraude. Aún así, este sistema provocó muchas protestas en los comerciantes del sector privado.


En política industrial se siguió en la línea de las fábricas estatales con la creación, por ejemplo, de las de paños de Brihuega y de San Fernando, de sedas de Talavera y con el nuevo edificio de la fábrica de tabacos de Sevilla. La promoción de la industria se activó igualmente con una intensa política de atracción de técnicos extranjeros para diversos ámbitos, así como con una política de exenciones fiscales. La Junta de Comercio, dirigida por Carvajal, estaba detrás de la mayoría de estas iniciativas.

Se mejoró también el sistema de comunicaciones entre Madrid y la periferia, especialmente con la costa norte: a través de la construcción de carreteras (del puerto de Guadarrama, de Burgos a Reinosa) y mejora de algunos puertos.

En su conjunto, el reformismo de Ensenada y Carvajal supone continuidad con las líneas anteriores, modificaciones de detalle y también alguna contradicción. Los puntos en los que fracasaron muestran la fuerza de la oposición y los límites a los que ésta iba a permitir llegar: los privilegios estamentales.

En cuanto a las relaciones con la Iglesia, durante el reinado de Felipe II se firmó el Concordato con la Santa Sede de 1753, por el cual se obtuvo el Patronato Universal, un acuerdo sobre la provisión de cargos eclesiásticos, tema que había sido objeto de problemas durante toda la primera mitad del siglo y que el acuerdo de 1737 no había zanjado en su totalidad.
Asimismo son muestras de florecimiento cultural la creación en 1752 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el embellecimiento de las ciudades.

LA CRISIS DE 1754 Y ÚLTIMOS AÑOS DEL REINADO

La política cambiaría súbitamente con la inesperada muerte de Carvajal. Su desaparición rompió el equilibrio que se había creado con los intereses y personalidad del otro ministro.
Así pues, le toca el ascenso a Ricardo Wall, un militar irlandés entonces embajador en Londres y personaje de la línea de Carvajal y del agrado del embajador inglés en Madrid, Keene, que procuraba influir para rebajar la tendencia reformista.
Ensenada pretendió contrarrestar la creciente influencia británica con un ataque a los ingleses con ayuda de Francia. Se equivocó, porque la influencia de Keene era ahora grande y los reyes apoyaron la oposición contra Ensenada, que fue arrestado y desterrado. Sus cargos fueron repartidos entre Arriaga, Eslava y Valparaíso.
Inicialmente el cambio de gobierno parecía continuista pero, de hecho, su elevación al poder cambió la política. Algunos aspectos fueron positivos, como el mantenimiento de la política proteccionista y de exenciones fiscales; no lo fueron así otras medidas tomadas, como el freno del proyecto de única contribución, la vuelta al sistema de flotas para Nueva España o el freno del proyecto de renovación de la Marina. En lo internacional las cosas no cambiaron mucho. La supuesta anglofilia de Wall no se mostró tal. Cuando los ingleses fueron más agresivos, Wall les resistió.
Ante el comienzo de la guerra de los Siete años, el gobierno de Wall prefirió mantener la neutralidad.
Desde el punto de vista interno, la situación no estaba para tomar decisiones. Los dos últimos años del reinado fueron de inactividad total. La muerte de la reina en 1758 sumió al Rey en una profunda crisis de melancolía. Hacia el final el propio Carlos, desde Nápoles, empezó a tomar algunas decisiones, si bien no podía ir más allá de las urgencias. La muerte de Fernando VI en 1759 pondría fin a unos breves años de desgobierno.

Historiográficamente, la figura de Ricardo Wall ha sido descuidada cuando no claramente maltratada. Los tópicos más variopintos han hecho del irlandés un anglófilo —llegando al extremo de poner en duda su lealtad a España—, un perverso antijesuita e incluso un masón. Los errores sobre su vida son descabellados. Hay quien asegura que su carrera empezó en el ejército francés o que participó en el congreso de Aquisgrán; también que fue un agente secreto español en América e intentó un plan de invasión de Jamaica. Su origen extranjero y la mala interpretación de su política —considerada débil y entreguista—, así como la obsesión por sobrevalorar a Carlos III y sus gobiernos ilustrados posteriores, han oscurecido su figura. Sin embargo, Wall fue la correa de transmisión de dos generaciones de enorme importancia para la historia de España: la reformista que llevó al poder a Carvajal y a Ensenada, partiendo de las bases trazadas por Patiño y Campillo, y la que profundizó en las reformas, durante los gobiernos de Aranda, Campomanes y Ensenada. Ricardo Wall supo mantener la neutralidad heredada, condición básica para el desarrollo de la política interior, a la vez que llevaba a la culminación el proyecto carvajalista de una nueva diplomacia española, basada en la introducción de la España discreta en el nuevo concierto de las naciones.

Para más información sobre Ricardo Wall aconsejo consultar www.tiemposmodernos.org/ricardowall/



Fuentes:
FLORISTÁN, A.: Historia de España en la Edad Moderna. Ariel, 2004.

Biblioteca virtual Cervantes
www.wikipedia.org, para completar información acerca de Ricardo Wall
www.tiemposmodernos.org/ricardowall

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