miércoles, 27 de enero de 2010

Reunión grupal del día 20/01/2010

Esta última reunión del curso la hemos dedicado ha organizarnos con la exposición. Después de ver varias posibilidades hemos decidido que Julie, al no haber podido hacer la suya en el mes de diciembre, se encargará de exponer la primera parte de ésta, y María se ocupará de la parte final de la misma. Estela y Natalia nos darán un resumen de su trabajo que se ajuste al tiempo que tenemos.
En el resto de la clase hemos comentado los retoques finales del trabajo,referentes al formato y pequeños detalles que faltaban por incluir.
LA REGENCIA DE MARÍA CRISTINA.

Al fallecer Alfonso XII en 1885, María Cristina ocupará el cargo de regente hasta 1902, momento en el que comienza a reinar Alfonso XIII.
Este gobierno, además de por la pérdida de las últimas colonias, estará caracterizado por la inestabilidad, debido al impulso que toman movimientos como el obrero y el anarquista, o el ascenso del capitalismo.

El desastre del 98 supuso para España no solo la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y las Islas Marianas, sino también la pérdida por primera vez del poder ante una nación no europea, con muy poca tradición militar. Todo esto llevará a España a un proceso de revisionismo histórico y a una introspección colectiva, que generará movimientos como el regeneracionismo, que meditará sobre las causas de la decadencia en España, llegando Joaquín Costa a interpretar la derrota colonial como un componente del atraso del país, culpando de ello a la Restauración.


EL REINADO DE ALFONSO XIII.

En 1902 comienza a reinar Alfonso XIII. Ese mismo año hubo una gran crisis, que coincidirá también con una nueva generación de políticos y una lucha de poderes en ambos partidos. Entre estos nuevos políticos se encontrarían Maura, Romanones, Moret y Canalejas.
Sigue habiendo mucha estabilidad en los inicios del reinado de Alfonso XIII, y se llegarán a formar hasta once gobiernos.
En 1907 se creará la Ley de Reforma Electoral, que según Maura estaría destinada a acabar con el caciquismo, y en este sentido se dictará La Ley de Escuadra, y se crearán sindicatos agrarios, entre otras medidas.

Estas reformas harán que Maura gobierne con tranquilidad hasta 1908, pero en 1909 se produce la Semana Trágica y Maura se encuentra con una oposición de izquierdas, que protestará contra una de sus medidas, la Ley Antiterrorista, la cual permitía la expulsión de cualquiera que propagara ideas anarquistas.
A la tensión provocada por la Ley Antiterrorista hay que sumarle la generada por el reclutamiento para la Guerra de Marruecos, del que se libraban los más ricos utilizando su dinero.

Con la situación como estaba, en julio de 1909 la fuerzas de izquierda realizarán una fuerte campaña contra el gobierno. El 16 de ese mismo mes comienza una huelga general, iniciándose la Semana Trágica. El gobierno declara el Estado de Guerra. Cuando la insurrección es aplacada, se castigará duramente a sus participantes, llegando incluso algunos de ellos a ser ajusticiados.

Alfonso XIII encargará a Moret la formación de un nuevo gobierno, pero por la división del partido será sustituido por Canalejas, que será asesinado el 12 de noviembre de 1912 por un anarquista.

Es importante resaltar en este periodo la I Guerra Mundial y el papel que jugo España en ella. El país pudo aprovechar su posición neutral para dar suministro a las potencias, y con ello potenciar su industria. Esto produjo numerosos beneficios económicos, sin embargo estos no fueron distribuidos equitativamente, siendo esto un elemento más de conflictividad social. Cuando acaba la guerra, además, los sectores beneficiados se paran y se produce un problema de desempleo.

La inestabilidad sigue creciendo: con el triunfo de la Revolución Rusa en 1917 se comenzarán a movilizar las clases trabajadoras. Se producirá además descontento en el ejército, creándose el movimiento Juntista, y esta tensión se le sumarán las reivindicaciones autonomistas.

Otro punto conflictivo será el desatre de Annual en 1921. que producirá un gran impacto en la conciencia nacional. Debido a este desastre se ordenará una investigación que creará aún más malestar en el ejército.

Ese año de 1921 será asesinado el presidente Eduardo Dato, y en septiembre de 1923 se produce el Golpe de Estado del General Primo de Rivera.


DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA.

La Dictadura de Primo de Rivera se cruce en 1923, momento en el que los regímenes totalitarios experimentan un auge, como el de Mussolini en Italia.

La Dictadura consta de tres etapas:

-Directorio militar(1915-1923)
-Directorio civil(1925-1923)
-La “Dictablanda de Berenguer”(1930-1931)

El objetivo de Primo de Rivera era la regeneración y militarización de la vida pública. Esta regeneración se hará con dureza: se declarará el estado de guerra, cesarán las garantías constitucionales e incluso se cesará ya los gobernadores y se sustituirán por militares.

En la primera etapa se formará un directorio militar.

Los problemas más importantes a los que tendría que hacer frente la dictadura serían:

-La cuestión catalana, llegando incluso a prohibirse cantar el himno, “els segadors”, y
la bandera.

- Las alteraciones del orden público. Se declaró el Estado de Guerra hasta mayo de 1925. En este sentido se impulsarán también leyes duras contra las organizaciones obreras que provocarán incluso su clandestinidad.

-La guerra en Marruecos y el Desembarco de Alhucemas también serán motivo de conflictos, aunque dicha batalla se saldara con victoria.

En 1925 Primo de Rivera relajará toda esta tensión y dará entrada a civiles en el Gobierno, iniciándose el Directorio Civil. Durante este directorio se restaurará el Consejo de Ministros.
En estos años se hará una política paternalista encaminada a eliminar los conflictos sociales mediante la intervención del Estado. También el Estado creará nuevas empresas, y utilizará políticas proteccionistas en este sentido.

La Dictadura de Primo de Rivera tendrá también sus sectores de oposición: los republicanos y los estudiantes universitarios, además de determinados sectores del ejército, los comunistas y anarquistas y la casi totalidad de los intelectuales.

En junio de 1926 se produjo la llamada Noche de San Juán( la sanjuanada), producida por un conflicto artillero. El Cuerpo de Artillería se enfrentó al sistema de ascensos que había promovido Primo de Rivera, basado en los méritos y no solo en la antigüedad. El Rey trató de mediar pero Primo de Rivera amenazó con su dimisión finalmente cedió. Esto fue mal recibido por la Artillería, y provocó que un sector del ejército fuera prerrepublicano.
En 1926 y 1929 se producen también pronunciamientos republicanos. En 1930 Primo de Rivera dimite y pasa a ocupar el Gobierno Dámaso Berenguer, que da comienzo a la llamada “Dictablanda”.

Berenguer pretendía mantener el sistema, disminuyendo la presión. Sin embargo, los diferntes sectores de izquierdas se unen a través del Pacto de San Sebastián y crean un Comité Revolucionario, con el deseo de acabar con la Monarquía y la Dictadura. Parte del ejército se manifiesta también a favor de la República, que será proclamada en 1930 por Fermín Galán.
El 12 de abril de 1931 se celebran las elecciones municipales, con victoria republicana, y el 14 de abril de 1931 se proclama la II República Española.




Bibliografía: Colección Historia de España, nº 25. El reinado de Alfonso XIII. La modernización fallida.
LOS FUNDAMENTOS DE LA RESTAURACIÓN.

El sistema de la Restauración, ideado por Cánovas del Castillo, fue un régimen político muy estable que estuvo vigente desde 1875 hasta 1923. El proyecto de Cánovas trataba de buscar la estabilidad, y para ello trata de restaurar un conjunto de elementos que consideraba vitales para ello. Estos serían:

-La Monarquía, la Constitución, el parlamentarismo(no democrático)
-El respeto a la propiedad privada.
-El alejamiento del ejército de la vida política.
-El centralismo. Madrid sería el centro de toda la política.
-El sistema bipartidista: el Partido Conservador y el Partido Liberal se alternarían en el poder.

Los apoyos sociales a la Restauración fueron la burguesía, la Iglesia y los mandos políticos, pues a todos ellos les beneficiaba ese sistema.

La Restauración es un sistema más bien conservador: permitía un juego de partidos, sin embargo, este modelo parlamentario no llega a toda la población.


LA CONSTITUCIÓN DE 1876.

La Constitución de 1876 refleja el espíritu de Cánovas y está influenciada por el modelo británico, y es además muy ecléptica, pues tenía que resultar asumible por todas las fuerzas políticas, para que cuando cada partido llegara al poder pudiera emplearla según sus ideales. En ella, de hecho, se puede apreciar el consenso que existía de estabilidad, y esa fue una de las claves de su duración.

El texto es una síntesis de las constituciones de 1845 1869, moderada y democrática respectivamente. Establece igual que éstas, un modelo unitario y centralista de Estado.

Según la Constitución de 1876, el poder no recae en la nación sino en las Cortes y el Rey, y este espíritu será el que promueva una legislación restrictiva en cuanto a los derechos individuales.

El Rey, las Cortes y el gobierno son los tres órganos principales de la Monarquía Parlamentaria:

- El Rey en una entidad inviolable, con potestad compartida por las Cortes para reglamentar, promulgar y ejecutar las leyes. También podía designar ministros y, como ocurre en la actualidad, era el mando supremo del ejército.
- Las Cortes tenían dos Cámaras: El Senado y el Congreso. En el primero los senadores podían ser vitalicios (por derecho propio o nombrados por la Corona) o electos, por un periodo de 5 años. El Congreso sin embargo tenía un carácter electivo, aunque la norma era elástica y podía permitir tanto el sufragio universal como el censitario.
- El Gobierno presentaba, previamente consensuado con el Rey, la lista de Ministros. En la práctica, tanto el Jefe de Gobierno como un ministro debía necesitaba contar con la confianza del rey.

Uno de los aspectos más polémicos es el relacionado con el problema religioso, muy debatido. En el artículo 11 se implanta la religión católica como religión del Estado, pero se establece la tolerancia para las demás religiones, a las que se les permitía el culto privado. Esto puso fin a las dificultades de las comunidades protestantes en España y resolvió numerosos conflictos en cuanto a la política exterior.

CACIQUISMO

Es importante saber que en el sistema de la Restauración la realidad política era muy diferente de lo escrito, y el cuerpo electoral no decidía quien gobernaba pues la elecciones eran inducidas por el Gobierno a través del Caciquismo.

El Caciquismo funcionaba de la siguiente manera:

- El Rey designa un Jefe de Gobierno, que le propone una lista de Ministros, y éstos se encargan de fabricar las elecciones.

- El Ministro de Gobernación se ponía en contacto con los notables (oligarquías y locales) y ellos manipulaban las elecciones para sacar los resultados deseados, e incluso, llegado el caso, se encargaban de falsificar los resultados.


La consecuencia de todo este sistema es que ambos partidos estaban constituidos por notables, eran parlamentarios, y tenían sus asociaciones con los líderes locales. No representaban, por tanto, a las clases trabajadoras del país. Por otro lado, es sistema pudo ser estable porque trabajaba por los intereses de sus dirigentes.



Bibliografía: Colección Historia de España,
nº25, La Restauración, 1875-1902. Alfonso XII y la regencia de María Cristina.

martes, 19 de enero de 2010

Memoria de 13/01/10

El miercoles estabamos terminando nuestros trabajos para poder reunirse el sábado y terminarlo.Estela ha dividido su trabajo en 2 partes: la transición demográfica y la independencia e indigenismo. En cada parte trata los 3 países. En la primera parte se pregunta qué es la transición demográfica, qué factores la influyen, qué fases hay, etc.
En la segunda parte nos dá una definición de los pueblos inígenos y habla entre otras cosas del problema de la tierra.

Natalia desarrolla primeramente una perspectiva general (el Panorama actual de pobreza y desigualdad, los factores para el estudio de la desigualdad, los objetivos de desarrollo del milenio y la relación entre gobernalidad y desigualdad social) y después va país por país.

María nos dá un desarrollo cronológico de la história de la economía, la industrialización y el comercio por país, igual que yo de la violencia política, enfocando algunas partes (Pinochet, Chavez, Porfirio Díaz) más que otros.

El trabajo lo hemos terminado juntas el sábado, sólo falta unificar el estilo, pero el resumen, la introducción y la conclusión estan escritas.

2. Del Sexenio Revolucionario (1868) a la Restauración (1875)

Algunos consideran La Revolución de 1868 más bien un golpe de Estado, otros lo formulan diciendo que se inició con un pronunciamiento militar pero que obtuvo el carácter de revolución un poco más tarde. La Revolución fue organizada, dirigida y controlada por la pequeña y media burguesía, la clase media, pero fueron apoyadas por el bajo pueblo. Así se convirtió en una revolución de masa popular.Mientras la clase media se sentía amenazada por la inestabilidad política y la crisis económica, las clases populares se encontraban en una crisis social.
Politicamente, durante el Reinado de Isabel II, habían dos partidos que se oponían: los moderados, que apoyaron a Isabel II y los progresistas, la oposición de la reina.
Más o menos en 1854 nació el partido demócrata, con un programa que requiere una estricta soberanía nacional, los derechos del hombre ‘indiscutibles, inalienables, imprescindibles e ilegislables’ y el sufragio universal.
Provinente de los EEUU, la crisis económica se extiende en todo el mundo, creando ‘la crisis internacional de 1866’.
La crisis social en España deriva de la primera parte del siglo XIX. España era un país agrícola con falta de oferta de trabajo. Se suma a esto que los campesinos eran una proletariado sin recursos ni derechos, dominados por la alta burguesía y la aristocracia. En el siglo XIX habían pequeñas revueltas campesinas pero nunca han podido extenderse a una revolución por la ausensia de los otros factores fundamentales para llegar a una revolución; una crisis política y una crisis económica.
El descontento proveniente de éstas tres crisis, ha unido a la clase media con la clase popular y ha dado lugar a la Revolución de 1868.

La Revolución comenzó con un pronunciamiento naval en Cádiz y en todos las cuidades fueron nombradas Juntas provicionales revolucionarias. Estas Juntas instalaron los principios fundamentales del programa demócrata. Cuando los revolucionarios toman Madrid, se exila la reina Isabel II a Francia. La Monarquía de Isabel II fue sustituida por un Gobierno provisional.
Este Gobierno constituyo la Constitución de 1869 que recogía los principios fundamentales de la Revolución anterior. La nueva Constitución era de carácter liberalista radical y reconocía por la primera vez la libertad religiosa. También partía de un principio monárquico, con el cual los republicanos no estaban de acuerdo. Empezaron a organizar manifestaciones violentas. El Gobierno provisional tuvo que represar estas manifestaciones y instaló una ley, que fue aprobada, para declarar el estado de guerra antes estas sublevaciones republicanas.
Juan Prim, un revolucionario y líder de la izquierda progresista reprimió los republicanos y restableció la tranquilidad.

La búsqueda del nuevo rey se acaba con la encuentra de Amadeo de Saboya, duque de Aosta.Y en 1870, justó al venir de Amadeo I de Italia a España, el más capaz de los líderes revolucionarios, el general Juan Prim, fue asesinato.

El nuevo rey Amadeo se esforzó para hacer funcionar la nueva Monarquía pero aunque tenía buena voluntad y un gran sentido común, los problemas que tenía que enfrentar le superaban.
El régimen se encontró en una crisis, caracterizada por sublevaciones republicanas, la guerra de cuba y las insurrecciones carlistas, que se desemboca en la tercera guerra carlista.

Los Carlistas tenían muchos críticos sobre la Monarquía de Amadeo y la sociedad contemporánea y deseaban regresar al Antiguo Régimen, con la restauración de la Monarquía borbónica.
Amadeo I, que no sabía cómo superar los problemas y que no veía ninguna escapatoria, decidió abdicar en 1873 y así proclamó España la Primera República. Esta República sólo estaba en funcionamiento de 1873 hasta finales de 1874 y era un período de caos y contradicciones. Además Sólo fue reconocida por EEUU y algunos otros países. Pero ni Francia, ni Inglaterra, ni Alemania quería reconocer la República federal.

La tercera guerra carlista que empezó en 1872 vió con la abdicación de Amadeo en 1873 la posibilidad de hacer volver don Carlos a España y la guerra se fortalezió.
Sin embargo, dos años más tarde Alfonso XII era proclamado rey de la Restauración borbónica y finalizó la guerra carlista poniéndose al frente de sus tropas y al ver de esta ofensiva, don Carlos se exilió a Francia con sus tropas.

Fuentes: Vilches García, Jorge (1998) “Castelar y la república posible. El republicanismo del Sexenio Revolucionario, 1868-1874”, Revista de estudios políticos, n°99, pp. 133-159

Serrano García, Rafael (1985) “El federalismo castellano durante el Sexenio Revolucionario”, Investigaciones históricas: Época moderna y contemporánea, n° 5, pp. 253-266

De Castro Antolín, Mariano L. (2003) “La Revolución de 1868 y la Guinea española”, Cuadernos de historia contemporánea, n° extra 1, pp. 191-204

González Segarra, Sebastián “Villacarrillo: la Revolución de 1868 a través de las actas capitulares”, Isla de Arriarán: revista cultural y científica, n° 14, pp. 49-64

1. Preámbulo: Problemas de España en la Edad Contemporánea

Los 4 pricipales elementos de conflicto que han definido la historia de España son el enfrentamiento ideológico, el problema de la tierra, el conflicto geográfico y económico y los pronunciamientos militares. El primer elemento es un tema muy actual que tiene raíces en en siglo XVIII.
El segundo elemento ya existe desde el Antiguo Régimen. España ha vivido una división de la tierra muy desigual y toda reformación de esta ha tenido una oposición fuerte de los latifundistas a quien les gusta ese desequilibrio. Las revoluciones no han logrado cambios, y la redistribución de la tierra por Carlos III ha sido un fracaso, lo que ha llevado los campesinos a sublevarse.
El tercer elemento surge de las desigualdades económicas y sociales entre centro y periferia.
Y por último la utilización del ejercito y a la violencia para lograr objetivos políticos siempre ha sido algo ‘normal’ en los siglos XIX y XX.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

CARLOS III

BIOGRAFÍA Y PERSONALIDAD DEL MONARCA

El 20 de enero de 1716, entre las tres y las cuatro de la madrugada, en el viejo, inmenso y destartalado Alcázar, nacía el niño que con el paso de los años iba a ser investido como rey de España con el nombre de Carlos III. Fruto del matrimonio de Felipe V con su segunda esposa, la parmesana Isabel de Farnesio, mujer de fuerte personalidad y opinión política propia, el nuevo infante venía al mundo con pocas posibilidades de ser proclamado rey de la vasta Monarquía hispana. Su infancia transcurrió dentro de los cánones establecidos por la familia real española para la educación de los infantes. Hasta la edad de los siete años fue confiado al cuidado de las mujeres, siendo su aya la experimentada María Antonia de Salcedo, persona a la que siempre guardó gratamente en su recuerdo. Después tomaron el relevo los hombres, comandados por el duque de San Pedro y un total de catorce personas que iban a conformar el cuarto del infante. El niño "muy rubio, hermoso y blanco" del que nos habla su primer biógrafo coetáneo, el conde de Fernán Núñez, gozó durante su primera infancia de buena salud, amplios cuidados y una enseñanza rutinaria dentro de lo que se estilaba en la corte española. Además de las primeras letras, Carlos recibiría una educación variada propia de quien el día de mañana podía ser un futuro gobernante. Así, la formación religiosa, humanística, idiomática, militar y técnica se combinaría durante años con la cortesana del baile, la música o la equitación para ir forjando la personalidad de un joven de buen y mesurado carácter, solícito a las sugerencias paternas y educado en la convicción de la evidente supremacía de la religión católica. También fue en su más tierna infancia cuando Carlos se aficionó a la caza y a la pesca, pasiones, especialmente la primera, que nunca abandonaría a lo largo de su vida.
Pronto el infante Carlos empezó a entrar en los planes de la diplomacia española y en las cábalas de Isabel de Farnesio, estas últimas destinadas a dar a su primogénito una posición acorde con su rango real. (…)Tras numerosas vicisitudes bélicas y diplomáticas en el complicado cuadro europeo, se presentó la ocasión propicia para que Carlos pudiera alcanzar un sillón de mando en Italia. La misma tuvo lugar con la muerte sin descendencia, en 1731, del duque Antonio de Farnesio, precisamente el día en que Carlos cumplía quince años, lo que propició que el joven infante fuera encauzado hacia los caminos de Italia. Primero se asentaría en los pequeños pero históricos ducados de Toscana, Parma, Plasencia, donde permanecería muy poco tiempo, pues los acontecimientos bélicos derivados de la cuestión sucesoria de Polonia lo condujeron finalmente a ser proclamado rey de las Dos Sicilias el 3 de julio de 1735 en Palermo, contando tan solo con diecinueve años de edad.
Nápoles no fue para Carlos un destino intermedio en espera del gran reino de España. Allí vivió un cuarto de siglo, allí emprendió una política reformista en un complicado país dominado por las clases privilegiadas y allí constituyó, con su amada esposa María Amalia, una familia numerosa de trece hijos, siete mujeres y seis varones. Durante su reinado napolitano, Carlos configuró definitivamente su carácter y su modelo de reinar, siempre ayudado por su consejero personal Bernardo Tanucci y siempre tutelado por sus padres desde Madrid. En términos generales aprendió a ser un rey moderado en la acción de gobierno, un soberano que supo animar una política reformista que sin acabar con todos los problemas que sufría el abigarrado pueblo napolitano y sin menoscabar los poderes esenciales de la nobleza, al menos sí consiguió que el reino se consolidara como tal, que fuera cada vez más italiano y que tuviera una cierta consideración en el concierto internacional.
Cuando ya pensaba que su destino último era Nápoles, la muerte sin descendencia de su hermanastro Fernando VI lo condujo de vuelta a su patria de nacimiento.


Fragmento de la Biografía de Carlos III, por Roberto Fernández Díaz, Catedrático de Historia Moderna (Universidad de Lleida), en: www.cervantesvirtual.com/historia/monarquia/carlos3.shtml

El reinado de Carlos III ha sido tradicionalmente considerado como el más acabado ejemplo de reformismo ilustrado español, y la mayoría de los historiadores ha elogiado su figura y su obra de gobierno, hasta el extremo de haberse convertido en un tópico hablar del “gran rey Carlos III” o del “mejor alcalde de Madrid”.
En los últimos años, está visión está siendo revisada; sin negar al Rey una serie de bondades tales como su prudencia, su habilidad y honradez tanto en el ámbito político como en el familiar o su sabia capacidad para escoger a colaboradores eficaces, no es menos cierto que Carlos III es el más claro ejemplo de la doctrina política del despotismo. Palabras suyas son: "quien critica los actos de gobierno comete un delito, aunque tenga razón". Era un soberano del despotismo ilustrado. Su propia relación con Madrid es compleja, mientras varios de los monumentos más simbólicos y representativos de la capital fueron erigidos durante su reinado, él trató de vivir en los Sitios Reales de los alrededores y no en el Palacio Nuevo (el Palacio de Oriente).
Su imagen se beneficia particularmente del hecho de que su muerte se produjo en diciembre de 1788, en las vísperas del gran cataclismo que, para las monarquías europeas, significó el proceso revolucionario que se simboliza en el julio parisino de 1789.

POLÍTICA INTERIOR: LOS MINISTROS

En el orden político, Carlos III supo rodearse de colaboradores fieles, inteligentes, capaces y trabajadores, la mayoría de los cuales se mantuvieron en el poder por largo tiempo. Los más importantes fueron:
- Ricardo Wall (secretario de Estado durante 4 años)
- Conde de Aranda ( 7 años Presidente del Consejo de Castilla)
- Marqués de Esquilache (7 años)
- Jerónimo de Grimaldi (13 años)
- Floridablanca (13 años)
- Campomanes (6 años Presidente del Consejo de Hacienda), de quien destaca su faceta intelectual.
- Manuel de Roda ( más de 15 años ministro de Gracia y Justicia)
Su importancia fue tal que algunos autores más que de absolutismo regio hablan de "absolutismo de los ministros". Domínguez Ortiz, en su libro Carlos III y la España de la Ilustración, resume el proceso en estos términos:
<<…la despersonalización de la Monarquía había avanzado lo suficiente como para que las carencias personales de un rey no influyeran demasiado en las tareas de gobierno. Lentamente se estaba verificando el paso de un gobierno personal a un Estado impersonal con órganos propios, que aseguraba la continuidad a través de los avatares personales (…). El Estado (durante la crisis de 1758-59 en que Fernando VI estaba loco y no podía reinar) era ya una maquinaria, reducida, pero de gran perfección, capaz de marchar por sí sola. El absolutismo regio era en la práctica el absolutismo de los ministros. De esta manera, silenciosamente, se estaba preparando el tránsito del Rey absoluto al Estado absoluto, en el que el rey sería más bien una instancia suprema y una garantía de continuidad que un órgano directo de gobierno>>.

Para conocer bien el reinado de Carlos III resulta indispensable estudiar la figura y la obra de los ministros y sus equipos de gobierno.
En ese momento histórico pugnan dos conceptos antagónicos; la teoría oficial habla de la delegación directa de la soberanía en el rey por parte divina (Carlos III por la gracia de Dios), pero en realidad, los ilustrados empezaban a preguntarse y a cuestionar esta teoría. Aunque bien es cierto que éstos se protegieron bajo el manto de un despotismo monárquico en el que no creían para llevar a cabo su política reformadora a cambio no transgredir el concepto de la soberanía de carácter divino. Uno de los políticos del período escribió estas reveladoras palabras:
"para el logro de las grandes cosas es necesario aprovecharnos hasta el fanatismo de los hombres. En nuestro populacho está tan válido aquello de que el rey es señor absoluto de la vida, las haciendas y el honor, que el ponerlo en duda se tiene por especie de sacrilegio, y de aquí el nervio principal de la reforma. Yo bien sé que el poder omnímodo del monarca expone la monarquía a los males más terribles, pero también conozco que los males envejecidos de la nuestra sólo pueden ser curados por el poder omnímodo…"

León de Arroyal en las Cartas al conde de Lerena.

En resumen, la política llevada a cabo durante el reinado de Carlos III obedece a la decisión de un pequeño conjunto de altos dignatarios que, contando con el apoyo del rey, gobiernan desde las Secretarías de Despacho y desde el Consejo de Castilla la Monarquía Española y sus inmensos espacios coloniales, que alcanzan en esos años la mayor extensión lograda hasta entonces por imperio alguno.

LAS ETAPAS DEL REINADO

Me parece interesante señalar, como lo hace Alfredo Floristán en Historia de España en la Edad Moderna, las diversas etapas que se pueden diferenciar en este reinado de casi treinta años de duración.
Entre 1759 y 1766, la etapa de las reformas precipitadas, estuvo ejemplarizada por el marqués de Esquilache, uno de los varios colaboradores italianos que lo acompañaron desde Nápoles. Terminó bruscamente con los graves sucesos de la primavera de 1766 y con la llegada a la cúspide del gobierno del conde Aranda, grande España y capitán general. Entre 1773 y 1776 el personaje más significativo en la Corte es el secretario de Estado Jerónimo Grimaldi, víctima política y cabeza de turco del fracaso que sufrieron las tropas españolas en Argel. La crisis se solucionó con la llegada a la secretaría de Estado de don José Moñino, conde de Floridablanca, y que permanecerá en ese cargo durante lo que quedaba de reinado.

PRIMERAS REFORMAS

En la primera etapa del reinado, Carlos III contará con la colaboración de Esquilache, con quien ya había trabajado en Nápoles, a quien nombrará secretario de Hacienda y Guerra del primer equipo de gobierno. Algunas de sus reformas son éstas:
- Esquilache y su equipo trató de revitalizar el proyecto ensenadista de reforma fiscal y se creó una renovada Junta del Catastro.
- Importó de Italia la lotería en 1763. Esta primera lotería española (llamada la “beneficiata”) serviría para mantener obras asistenciales.
- Creó un Montepío Militar en 1761, especie de seguridad social para los soldados y sus viudas y huérfanos, y que responde a la idea que está naciendo en este siglo y que prima el concepto de beneficencia sobre el de caridad.
- Inició una política de mejora de las infraestructuras urbanas, empezando por la villa de Madrid. Creó un moderno alumbrado, el alcantarillado y un sistema de desagües.
- Se dictaron medidas de corrección de costumbres y vestimenta, que trataban de evitar una forma de vestir que facilitara a los delincuentes ocultar sus armas.
- Dedicó un notable esfuerzo a reorganizar los temas militares, en lo que se refiere a los reclutamientos o a la creación de centros de formación de oficiales. Así, destaca la apertura del Real Colegio de Artillería de Segovia (1764).
- En cuanto a la política agraria, se tomaron una serie de medidas de carácter antiproteccionista que culminaron con la publicación del decreto que abolía la tasa del trigo y permitía su libre circulación.

Algunas de estas reformas, pero sobre todo la que abolía la tasa del trigo, fueron promovidas con poco tacto y en mal momento. La inoportunidad de esta última medida se debe a que en los primeros años de la década de los sesenta se venían dando malas cosechas y sequías, y los precios del trigo subían desde 1761. Y apareció el hambre. Se importó grano de Sicilia, como se hacía desde siglos atrás, pero en esta ocasión los propietarios españoles acusaron a Esquilache, siciliano, de querer aprovecharse del hambre de los españoles. Se estaba gestando la gran conmoción que afectó a media España, los "motines de primavera de 1766" o "motines contra Esquilache".
Aunque se interpretado este motín como organizado por algunos nobles y por los jesuitas, contrarios a las reformas, que indujeron al pueblo de Madrid a manifestarse por las calles, en los últimos años se ha abierto una nueva línea de interpretación (a partir de los trabajos de Pierre Vilar) que considera que fue un típico “motín de subsistencias”. Es decir, el pueblo, cuando tiene hambre, no necesita ser inducido por nadie para salir violentamente a la calle y exigir alimentos y atacar a quienes considera responsables de la escasez de la comida y de sus males cotidianos. En todo caso, tratarían de ser utilizados esos motines espontáneos, una vez en marcha, por los grupos privilegiados que aprovechan la coyuntura en su beneficio.

Los motines de primavera de 1766

El 23 de marzo de 1766 una gran multitud de gentes de Madrid se enfrenta a las guardias walonas (los cuerpos de policía son una creación del liberalismo del siglo XIX por lo que en el Antiguo Régimen, eran los soldados quienes actuaban en los disturbios callejeros). La chispa inicial estalló en la plaza de Antón Martín, el Domingo de Ramos a mediodía, cuando varios sastres se disponían a hacer cumplir la orden publicada el 10 de marzo anterior y que advertía de la obligación de llevar sombrero de tres picos y capa recortada. Algunos paisanos se enfrentaron a los sastres a sus escoltas y la pugna derivó en una algarada multitudinaria, que apedreó el palacio de Esquilache. El lunes siguiente se agravó el motín. En las refriegas mueren varias decenas de personas y son atacados palacios de otros colaboradores italianos del rey (Grimaldi y Sabatini) y del gobernador del Consejo y del corregidor, al tiempo que una vociferante multitud derriba las nuevas farolas que iluminaban Madrid y se encamina hacia el Palacio Real. Exigen que el Rey destituya a Esquilache, ordene la bajada del precio del pan y que “cada uno vista como quiera”. Caros III salió al balcón del nuevo palacio (lo ocupaba desde hacía dos años) y tuvo que aceptar las imposiciones de sus amotinados súbditos, incluyendo la destitución del secretario de Hacienda, sustituido por Miguel Múzquiz. El Rey partió esa noche para Aranjuez y no volvió a Madrid hasta diciembre. Desde ese día, receló del pueblo madrileño y no olvidó la humillación que significó esa jornada de marzo de 1766. Y se hizo llamar a los cadetes del recién creado Real Colegio de Artillería de Segovia y se les acantonó, con algunos cañones, en Pinto, a mitad de camino entre Aranjuez y Madrid.

En FLORISTÁN, A., Historia de España en la Edad Moderna, Ariel, 2004, p. 618.

La expulsión de los jesuitas (1767)
El gobierno de Carlos III, conmocionado por los motines, puso en marcha una investigación para depurar las responsabilidades. La principal consecuencia será la orden de expulsión de los jesuitas de todos los territorios de la Monarquía, decretada por el Rey el 2 de abril de 1767. La Real Pragmática no daba más razones que la voluntad real para la expulsión. Fue producto de las averiguaciones e informes que un grupo reducido de políticos ilustrados (del entorno de Campomanes) redactó para cumplir el deseo de Carlos III, hostil a la Compañía de Jesús.
La Compañía de Jesús era, en el siglo XVIII, objeto de polémica entre los políticos ilustrados y entre los privilegiados y las demás congregaciones religiosas por su defensa de algunos temas de debate teológico como el papel esencial del individuo en su propia salvación. Hay que recordar además las posturas encontradas entre Carlos III y la congregación en la cuestión de la canonización del obispo español Juan de Palafox, contrario a la Compañía de Jesús pero admirado por el Rey. Los jesuitas españoles fueron también acusados de soberbia intelectual, de acumular enormes riquezas, de influir entre los privilegiados a cuyos hijos educaban o de defender políticas contrarias al interés del monarca. En los meses posteriores a los motines, se les acusó de preparar y dirigir los graves tumultos de la primavera. Por todo esto, mediante decreto real se les expulsó de España y de todos sus dominios y sus propiedades fueron confiscadas.
Durante el mes de marzo de 1767 se preparó en secreto el dispositivo necesario para llevar a cabo la orden de expulsión. Esta orden llevó a Tarragona, Cartagena, Puerto de Santa María, Santander, La Coruña y a otros puertos a los 2.641 jesuitas de España, y en los mese siguientes se procedió a expulsar a los 2.630 de América. Pasaron un penoso calvario en los años siguientes pues el Papa no quiso aceptarles en los Estados Pontificios. No será hasta año y medio después que por fin se les permita desembarcar en Córcega.
En 1773 el Papa, fuertemente presionado por los embajadores de los reyes europeos destacados en Roma, decidió la supresión de la Compañía de Jesús. Hasta 1814 mantuvo Roma la Bula por extinción. Podrán volver a España en 1815, autorizados por Fernando VII.

Habiéndome conformado con el parecer de los de mi Consejo Real en el Extraordinario, que se celebra con motivo de las ocurrencias pasadas, en consulta de veinte y nueve de Enero próximo; y de lo que sobre ella me han expuesto personas del más elevado carácter: estimulado de gravísimas causas, relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad, y justicia mis Pueblos, y otras urgentes, justas, y necesarias, que reservo en mi Real ánimo: usando de la suprema autoridad económica, que el Todo Poderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis Vasallos, y respeto de mi Corona: he venido en mandar se estrañen de todos mis Dominios de España, e Indias, Islas Filipinas, y demás adyacentes, a los Religiosos de la Compañía, así Sacerdotes, como Coadjutores o legos, que hayan hecho la primera Profesión, y a los Novicios, que quisieren seguirles; y que se ocupen todas las temporalidades de la Compañía en mis Dominios.

Fragmento del Decreto de expulsión de los jesuitas de España despachado por Carlos III el 27 de febrero de 1767
Más información consultarhttp://webs.advance.com.ar/pfernando/DocsIglLA/Expulsion_jesuitas_intro.htm

OTRAS REFORMAS

- El comercio con las colonias: Otra línea de actuación de los gobiernos de Carlos III se dirigió a una paulatina liberalización del comercio con América. Carlos III continuó en una senda ya iniciada por los reinados anteriores y completó el proceso de abolición del monopolio comercial de Sevilla y Cádiz que se había iniciado con las medidas de Felipe V y de Fernando VI. En 1778 firmó un trascendental reglamento que concedía la libertad de comercio con todos los puertos americanos, excepto los de Venezuela (monopolio de San Sebastián hasta 1781) y los de Méjico, controlados por Cádiz hasta 1789.

- Las nuevas poblaciones: Poco después de la expulsión de los jesuitas se puso en marcha un proyecto que pretendía crear una serie de colonias para repoblar las zonas deshabitadas del interior peninsular (tierras de Sierra Morena y del valle medio del Guadalquivir) con la intención de fomentar la agricultura y la industria en una zona despoblada y amenazada por el bandolerismo. El conde de Campomanes estableció los principios básicos y encargó a Pablo de Olavide que dirigiese sobre el terreno los trabajos. Para ello, se atrajeron inmigrantes centroeuropeos, fundamentalmente católicos alemanes y flamencos.
Cada familia campesina asentada en los pueblos que se creasen disponía de:
 50 fanegas de tierra.
 Aperos de labranza y animales de tiro.
 Un terreno para plantar árboles y viñas.
Se instalaron algunas manufacturas y se abrieron regadíos. No habría tierras comunales ni se permitiría el paso de ganados de la Mesta. Tampoco se autorizarían conventos y los únicos religiosos serían los curas de almas (los párrocos) y en número limitado.
El proyecto fue financiado por el Estado y supuso un experimento social para aplicar los principios ilustrados en la solución de los problemas agrarios. Se fundaron nuevos asentamientos como La Carolina, La Carlota o La Luisiana, en las actuales provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla. A los diez años del inicio del plan, cerca de quince mil nuevos habitantes poblaban la zona.

Este relativo éxito levantó opiniones hostiles por parte de algunos ayuntamientos vecinos afectados y por parte de los poderosos, pero el principal ataque se dirigió contra la persona de Olavide, acusado por algunos religiosos de impiedad y de hacer críticas mordaces contra la religión. Este interesante personaje, nacido en Perú, y de carrera político-administrativa vertiginosa, acabó convertido en chivo expiatorio contra los "excesos" de los ilustrados. El rey Carlos III, que le había ido encumbrando hasta la importante magistratura que significaba ser el asistente de Andalucía, autorizó la detención de Olavide (en 1776), al que la Inquisición sometió a un "autillo de fe" y condenó a ocho años de prisión en un convento. Sefugó de su encierro –algunos autores piensan que el Rey lo permitió, una vez conseguido el efecto ejemplificador que había buscado al permitir su detención- y acabó siendo testigo directo de la Revolución Francesa. Volvió a España en el reinado de Carlos IV y murió en Baeza en 1803, rehabilitado y aplaudido por un libro que publicó bajo el significativo título de El Evangelio en Triunfo, o Historia de un filósofo desengañado.

Fuentes:
FLORISTÁN IMIZCOZ, A.: Historia de España en la Edad Moderna, Ariel, 2004
Biblioteca virtual Cervantes: www.cervantesvirtual.com
http://webs.advance.com.ar/pfernando/DocsIglLA/Expulsion_jesuitas_intro.htm